Toda esta larga introducción viene a cuento de haber visto la película documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine, dirigida por Gaizka Urresti. Esta película, que se estrenó mundialmente en la pasada edición número 73 del Zinemaldia de San Sebastián, ha tardado más de quince años en hacerse. Originalmente era un proyecto pensado para ser dirigido por Diego Galán, quien fuera director del Festival de Cine durante trece años y un día, pero las dificultades para sacarlo adelante al no encontrar financiación de ningún tipo, lo hicieron muy complicado. Nadie quería colaborar, nadie quería arrimar el hombro. Eloy de la Iglesia era alguien que a muchos no les apetecía recordar. Recordemos: Fue una persona incómoda.
“Se me recordará por heroinómano, pero también soy comunista, cineasta, y maricón”.
Eso decía Eloy de la Iglesia de sí mismo, lo cual ya decía bastante de cómo era y de cómo pensaba. Todas las personas que aparecen en el documental ayudan a hacernos una idea de su actitud ante la vida, ante las personas que le rodeaban, ante aquellos a quien amó, como por ejemplo a José Luis Manzano, el joven actor que participó en varias de sus películas y por el que se prendó desde el primer instante hasta que, terriblemente, la heroína lo mató. Todo se cuenta en el documental, desde esa adicción brutal (que provocó su ruina, no sólo económica sino también personal) hasta cómo fue su reaparición en 1996 gracias a la mítica retrospectiva que el Festival de San Sebastián le dedicó (insistencia de Diego Galán), siendo este el punto en el que resurgió de sus cenizas, pudiendo permitirse seguir enganchado a algo más sano que la heroína: el cine (véase el título de la película y su frase promocional: "el cine es el único enganche que jamás superaré") .
Nota: los protagonistas de Arrebato, de Iván Zulueta, no están demasiado de acuerdo con eso de que engancharse al cine sea algo sano.
Eloy de la Iglesia, adicto al cine es un documental que se ve gustosamente, aunque la pega que puede tener la película es que prácticamente todo el rato parece un reportaje televisivo. Sí, es ameno, está bien realizado, se cuentan muy buenas historias acerca del personaje, pero no dejan de ser unas entrevistas que se acercan mucho a lo que se llama “bustos parlantes”, y eso lastra un poco la experiencia cinematográfica, al pensar que es algo que puedes ver perfectamente en la pantalla del televisor un domingo por la noche, como si de un programa más de “Imprescindibles” (RTVE) se tratara. Afortunadamente hay en el documental una serie de ideas de montaje que están realmente bien y que nos recuerdan que lo que estamos viendo es una película y no un reportaje. Por ejemplo, unos fundidos que no sólo mezclan el ayer y el hoy en escenarios o localizaciones, sino que también mezclan a las personas (maravilloso ese en el que un plano de Los novios búlgaros se deshace a medias para superponer los rostros de José Luis Manzano y del propio Eloy).
Para acabar, y volviendo al pase que mencionaba al principio de este texto: Durante la proyección hubo apenas cinco deserciones de la sala (en momentos clave), con lo cual es a esas personas a quien habría habido que preguntarles qué opinaban de lo que habían visto. Y es que El pico, y por extensión todo el cine de Eloy de la Iglesia, sigue siendo lo que ya fue en su momento: Una serie de increíbles retratos de una época, de unas personas y de una sociedad a la deriva. Y por su parte, Eloy de la Iglesia, un cineasta único e insobornable.
[Recomendaciones bibliográficas]
- Conocer a Eloy de la Iglesia. VV.AA. Festival de Cine de San Sebastián.
- Eloy de la Iglesia. El placer oculto del cine español. Edición de Carlos Barea.
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