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29 de marzo de 2010

La naranja solitaria

Nadie sabía qué le pasaba a aquella naranja. Se encontaba muy sola y triste. Quizá era debido a su soledad. Quizá por su estado, cada vez con menos piel, que con el paso de los minutos adquiriría un tono que le haría perder toda personalidad.

Ya no se llamaría "naranja".

Se convertiría en algo inservible, inútil. Perdería incluso todas esas propiedades, esas vitaminas que en tan sólo tres minutos se pierden según todas las madres del mundo.

No, ya no se llamaría "naranja".

Todos aquellos sueños dejaron de existir. La emoción al saberse separada de su cesto original en el mercado se había convertido en algo muy lejano, demasiado.

Pobre naranja. Sin esperanzas. Sin piel. Sin vitaminas.

Nadie sabe qué fue de ella. Hay quien dice que aún se la ve allí, inmóvil, esperando que llegue el tan deseado momento por toda naranja de hacer ver que es la que más propiedades puede aportar al comerla. Pero no nos engañemos: una naranja triste, solitaria... puede haber sido capaz de cualquier cosa.

Así es. Desde aquel momento aquella naranja dejó de ser una naranja.

La naranja solitaria, la última vez que se la vio.
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3 comentarios:

  1. Pobrecica...
    Alguna vez me ha parecido verla de refilón, observando a mi madre cuando se prepara sus batidos multivitaminados.

    Un abrazo desde el No Mundo,
    El Guardián

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  2. ¿Se hizo zumo a sí misma?

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  3. Guardián: Por favor, si puedes confirmar que es ella, no hagas que la pobre cometa una barbaridad! Intenta echarle un cable, si es necesario coge un rotulador de color naranja y píntala un poquillo, seguro que así se sentirá mejor...

    María: Esperemos que no! Aunque si así fue, ¿se gustaría a sí misma? ¿Qué pensará de su propio zumo? Son todo dudas...

    Saludos, Guardián y María y gracias por pasaros a silbar un rato!

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