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5 de febrero de 2010

Un día más, sin más

Aquello iba a ser un día más, sin más. Con su noche, con su borrachera. Con su resaca al día siguiente. ¡Pero no! Cuál iba a ser mi sorpresa, que ese día sería mi día. Un nuevo caso llegaría a mí, como todos, como quien no quiere la cosa. Y la cosa era que en realidad aquel caso no era un caso cualquiera (caramba, como la vaca, hay que ver cuánto se puso de moda este bicho con aquello de que estaba loco. Un día de estos también me pondré a investigar ese caso… Tanto problema para los gobiernos de todo el continente, y en cuanto yo, Mr. Flujerkin, el Maestro de la Inspiración, el Cuatro Ojos, el Magnífico, el Superdotado –en todos los sentidos-, el… esto… bueno, me he ido un poco de madre. A lo que iba: en cuanto yo, Flujerkin, me ponga a investigar el caso, en un pis-pás, o como decía mi madre, cagando ostias, lo resuelvo).

Total, que aquel día, como todos los días, di de desayunar a mi chucho, Nick. Le conté un par de chistes, como siempre, para alegrarle el día y asimismo alegrármelo a mí mismo (caray, hoy estoy inspirado: qué bonito juego de palabras, “asimismo” y “amímismo”), y salí a la calle en busca de casos. No fui a mi despacho porque no lo tengo. Mucha gente dice que es penoso no tenerlo, que soy un pobre hombre, un desgraciado. Quizá tengan razón. Pero yo no tengo despacho ni lugar donde llevarme a las chatis en horas de trabajo porque me considero demasiado autónomo, autómata, autócrifo… en fin, lo que sea. Eso se lo dejo a los grandes: Philip Marlowe, Sam Spade, Nick Carter (aquel gran detective checoslovaco, es en su honor el nombre de mi chucho), el inglés aquel que tenía un médico como ayudante, este… ¿cómo se llamaba? Vaya, no lo recuerdo. Ah, perdón, no sé si ya lo he dicho, pero yo soy Flujerkin, detective privado.

Como iba diciendo, no fui a mi despacho, simplemente paseé y paseé por las calles de la ciudad, hasta que de repente, como si tal cosa, un hombre (¿o era mujer? ¿o era niño? ¿o era niña? ¿o era travesti? ¿o drag queen? ¿o qué? No me fijé, yo estaba estupefaciándome un poco, porque yo, como cualquier otra persona, tengo mis vicios) tropezó conmigo y me dijo una palabra que fue la clave para mi siguiente caso: “Barraca tú”.

¿Qué leches quería decir aquello? ¿No podía haberme entregado un mensaje, como hace todo el mundo? ¿No podía haber hablado con mi chucho? (nota: mi perro es tan listo que sabe hablar con la gente, y además pasa de hablar con los de su especie, dice que son demasiado lerdos). Empecé a darle vueltas a todo aquello. “Todo aquello” sólo era una expresión: “Barraca tú”.

Como en un pueblo cercano a la ciudad eran las fiestas patronales, decidí acercarme a observar las barracas (probablemente tuviera relación, era lógico), y de paso a ligarme a alguna o a varias chatis, y cómo no, a emborracharme, ya que si no, aunque soy atractivo de cojones y perdonen la sinceridad, no me atrevería a hablar con nadie.

Llegué a las barracas. Aunque era un pueblo pequeño, tenía de todo en lo que a barracas se refiere: Autos de choque y tiovivos. Me acerqué a los gerentes de cada uno de esos divertimentos, y después de repetirles varias veces lo que quería, que era saber si aquella expresión tan chunga tenía algún sentido lógico para ellos (nota: lo de repetirlo varias veces no era porque ellos fueran tontos o algo parecido, lo que pasa es que yo llevaba tal cogorza encima, que prácticamente no sabía ni lo que decía, entonces debía repetir las cosas, no para los demás, sino para mí mismo). Las respuestas fueron las siguientes:

1) “¿Ein? No sé, pero tiene pinta de insulto…”

2) “Quite, quite, que eso fijo que es de alguna secta satánica mala…” (y después de santiguarse me cerró la puerta en todas las napias)

3) “¿Eso no es el nuevo equipo de fútbol local?” (después de asegurarle que no, ya que estoy muy puesto en eso del balompié, me alejé a dormir la mona a cualquier parte del pueblo)

¿Sería realmente algo relacionado con el Maligno? Esto es lo que me preguntaba mientras me dirigía a ninguna parte. Si así era, íbamos listos, porque aunque yo sea muy listo, soy ateo, y aunque no tenga nada que ver, yo en estas cosas no me meto, así que como yo no estaba dispuesto a solucionar nada, íbamos a morir todo quisque por culpa de Satán.

En fin, mi mayor estado de inspiración es durante la ebriedad (qué bien hablo a veces, copón), pero no sé qué me pasaba esa noche que no podía pensar en nada, principalmente porque no había pillado cacho. Encontré un descampado alejado del bullicio febril y festivo del pueblo para poder dormir. Decidí pasar de aquel caso, ya que no tenía ni inspiración ni ganas. Ya aparecerá algún otro problema social (que es como me gusta llamar a los casos de los que yo me ocupo). Y cuando ya estaba adormilado, muy a gusto, allí con el ruido de los grillos y alguna oveja que otra, alguien tropieza conmigo, despertándome y cayendo al suelo. En cuanto logró levantarse, ayudado por una cachava con punta de acero, me dijo algo que me dejó helado: “Barraca tú”. Pero esta vez la expresión satánica sonó diferente. Y por si fuera poco, el hombrecillo, que además de ropa algo rural llevaba boina, como poseído, empezó a decir cosas aún más ininteligibles. Yo ya no estaba helado. Estaba a cien millones de años luz de estar helado. Era una completa estatua. ¡¡Lucifer llegaba!! ¡¡Nadie se iba a salvar!! Intenté levantarme, pero el acojone me lo impidió. De repente, el hombrecillo dejó de hablar como lo hacía y empezó a hablarme normalmente, en mi idioma. Le pregunté qué había sentido con Satanás intentando entrar en su cuerpo, y él me dijo que no dijera chorradas, que qué coño Satán ni nada. Entonces le pregunté, ya repuesto, por la expresión famosa, por “Barraca tú”. Y él me explicó que el tropezón había sido culpa suya y que por eso me había pedido perdón. “¿Cómo perdón?”, le pregunté yo totalmente alucinado, y él me repitió lo de antes. ¡Y la Inspiración me llegó! Un nuevo caso que Mr. Flujerkin ha resuelto.

La solución es la siguiente: Resulta que yo, a pesar de ser extremadamente inteligente, como todo lo que está diseñado a la perfección, no estoy tan perfectamente diseñado, es decir, que siempre puede uno encontrar fallos en esas cosas perfectamente diseñadas, como es mi caso, y mi defecto es que soy un despistado. Y claro, soy tan despistado, que no me di ni cuenta de que estaba en tierras vascas, donde se habla euskera. Soy tan despistado y olvidadizo que no me acordaba ni de que al salir de casa me despedí de mi chucho Nick con un simple “gero arte”. De manera que la expresión que yo pensaba que era satánica (puf, madre mía… ¿cómo habré podido yo pensar una cosa asín?) no era sino la forma de pedir perdón en euskera: “BARKATU” y no “BARRACA TÚ”.

FIN

Epílogo: Cuando llegué a mi casa, y le conté lo sucedido a Nick, él me contó que lo suponía desde el principio. Que él lo habría resuelto sin necesidad de hacer la visita al pueblo aquel. Por eso no le dejo salir nunca de casa. Que no se entere nadie, pero lo confieso: me da cien millones de vueltas el jodío bicho. Si es que mi perro siempre ha sido un aguililla.

FIN DE VERDAD

6 comentarios:

  1. Muy tuyo este relato, jeje! ¿Improvisado? Tal y como lo cuentas y las ramas que tanteas antes de ir al meollo de la cuestión me recuerda a una cena y al chiste que contaste en ella. :-)

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  2. Aún colea aquel vino peleón que un tal Allan Poe...se bebió en essssscena ¡hip!, porrrr cierrrto ¡hip! ya te he colgado.....y al tal Indalecio también...¿o no?...¡salud!

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  3. Asier, la verdad es que no recuerdo qué chiste dices... Si puedes refrescarme la memoria, pues perfecto!

    Ioseba: Perfecto, así nos tenemos "colgados"!

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  4. Los dos primeros párrafos, simplemente inmejorables...

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  5. Está divertida la historia :)

    ... y de repente el prota vé a McGuiver escapando de unos tipos con boina, con aspecto sudamericano gritando irrintzis

    xD

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  6. Javi: muchas gracias. La verdad es que leídos una y otra vez, tienen su aquel, sí. ¡Pero el resto de la historia también!

    Jesus: Gracias también. Pero eso que comentas ya está hecho... entonces no mola.

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