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17 de mayo de 2009

Los tiempos de la Luna: Primer tiempo

PRIMER TIEMPO: LUNA LLENA

Por fin lo entiendo. No podía ser de otra manera. Ahora todo encaja perfectamente, ya no tengo dudas. ¡Soy un hombre-lobo! Lo cierto es que me lo temía, lo veía venir. Todos estos cambios que estaban surgiendo en mi cuerpo, no eran normales. ¡Caramba, que la pubertad la pasé hace mucho tiempo! A saber: el crecimiento del pelo por todo el cuerpo, y además, en un tiempo récord. Los colmillos, bueno, los dientes en general, han crecido una barbaridad. Mi sentido del oído es, también, mucho más sensible. Y no digamos el del olfato. Su desarrollo ha sido increíble (ahora reconozco olores que provienen de cientos de metros de distancia, y lo paso fatal, porque, como a mí me gusta mucho comer, casi todos los olores son olores de comidas bien ricas, empezando por pato a la naranja, siguiendo con caldos de todo tipo, y acabando con… en fin, dejaré de hablar de comida que entonces no podré acabar estas líneas jamás.

También ahora soy mucho más ágil. Pego unos saltos bastante grandes. Me viene bastante bien cuando tengo que ir al trabajo y no llego a tiempo al autobús. Una vez di un salto tan espectacular, que el resto de viajeros incluso me aplaudió. Solamente un grupo de cinco personas ni se inmutó. Bueno, no me importó, yo conseguí lo que quería, que era coger el autobús para llegar a tiempo al trabajo.

El caso es que yo no daba mucha importancia a estos cambios. Yo pensaba que era una fase más en el desarrollo del ser humano. Que le pasaba a todo el mundo. Que, tarde o temprano, y habiendo pasado la adolescencia, una etapa así aparecía. De manera que, como digo, no le di más importancia. Hasta ayer. Luna llena. Me había quedado hasta tarde viendo la televisión, y, como no había nada interesante, me puse una película de vídeo, la primera que cogí entre mi colección. Como la había visto muchas veces y además era tarde, logré dormirme en el sofá. Al par de horas me desperté, y al ir a echar el pis de antes de acostarme, me dio por mirarme al espejo. Cuál fue mi sorpresa que ahora estaba totalmente cubierto de pelo. O sea, que ya era completamente un lobo. Y, por si aún había alguna duda, en lugar de la típica exclamación malsonante que suelo soltar, lo que solté fue un aullido de agárrate y no te menees. Seguro que algún vecino se sobresaltó. De hecho, esta mañana me ha parecido escuchar algunos rumores en la vecindad.

Pues bien, pensando y pensando, he logrado averiguar cómo he podido convertirme en lo que ahora soy.

Resulta que una vez, mientras salía del trabajo, justo al doblar la esquina, tropecé con una chica bastante guapa. Morena, alta, y de unos ojos verdes inquietantemente hermosos. Entonces hice lo que nunca suelo hacer cuando me pasa algo de este estilo: Hablarle. Y lo que muy pocas veces (caramba, es curioso, pero menos de las que pienso) ocurre: Me siguió la conversación. Total, que fuimos a tomar unas copas, entablamos confianza, y claro, acabó en mi casa. En mi cama. Yo no daba crédito, evidentemente. Pero como se suele decir, carpe diem.

Estando semidesnudos, ella me dio un mordisco en el hombro derecho. Yo, después de quejarme (aunque no mucho, porque realmente me había gustado, y además pensaba en lo bien que luciría el chupetón al día siguiente), le dije algo así: “Hey, vampiresa…”. A lo cual, ella respondió algo que me desconcertó por un instante: “Casi aciertas”. Seguimos jugueteando un ratito más, ya sin mordiscos, y finalmente hicimos el amor.

Al día siguiente no había rastro de ella.

Estaba claro que ella era una mujer-loba. ¡Y qué loba!

Un inciso más: Ahora sé que una de las personas de aquel grupo de cinco que no les hizo mucha gracia el que yo saltara al autobús, era ella. Todos ellos eran lobos, y sabían que yo estaba empezando a ser como ellos. Me vigilaban. Lo que no sé, es exactamente porqué. Así que he tomado una decisión: Les buscaré. Todavía estamos en fase de Luna llena, por lo tanto, transformado en lobo me dirigiré al bosque, donde seguro estarán. Si les encuentro (si la encuentro), les preguntaré (le preguntaré) unas cuantas cosas: si no les encuentro, seré un lobo solitario, que espera no causar muchos problemas. Dicho está. Y dicho queda.

4 comentarios:

  1. ¡OHHH! Repito: Ohhhhh
    He sacado a Nosfe a pasear (en mi mochila) y debo decirte que nos ha encantado este relato.
    ¡Ya estamos esperando la continuación!
    Ay, maestro JON, cuántas sorpresas escondes...
    Mis respetos,
    El Guardián

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  2. Muchas gracias por tus palabras Guardián, es un honor :-)

    Debo decirte que la continuación de la historia no es tal, es decir, el siguiente tiempo, y el siguiente y el siguiente, son historias o textos totalmente diferentes a este.

    Espero no defraudarte cuando las coloque.

    ¡Un saludo, Guardián!

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  3. Seguro que no me defraudas, maestro.
    ¿Has publicado alguno de tus cuentos?

    Mis respetos,
    El Guardián

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  4. No he publicado ninguno, amigo Guardián, quizá lo haga, siempre lo he pensado pero al final... nasti de plasti. Veremos si en un futuro... qui lo sá!Un saludín, Guardián.

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