15 de mayo de 2011
1 de mayo de 2011
Ocho menos cuarto
No sé qué demonios hago aquí con él. En realidad, no sé qué demonios he estado haciendo con él durante todo este tiempo. Pasan los días y seguimos igual, siempre hacemos lo mismo, la misma rutina.
No sé cuánto tiempo llevamos juntos, pero todo eso me da igual, siempre es él quien se acuerda de ese tipo de cosas, ese tipo de chorradas. ¿Qué más dará tener conocimiento de esas nimiedades, cuando lo realmente importante es estar juntos?
No sé qué me está contando en estos momentos. No le estoy escuchando. Estamos caminando por el puerto en una tarde preciosa, y yo me pregunto qué hago aquí con él. Veo a la gente, a sus parejas, sonríen y parecen disfrutar. Parecen disfrutar. Yo lo intento, de veras que lo intento, y a cada momento que pasa me cuesta más disimular mi hastío, pero creo conseguirlo. Sonrío a las caras conocidas, comparto banalidades y tópicos en conversaciones insufribles. Decimos adiós y seguimos caminando. No hacemos otra cosa.
Si me marcho ahora creo que podría coger el autobús de las ocho menos cuarto. Llegaría a tiempo, no estoy más que a unos siete u ocho minutos. Qué casualidad, de algo sí me acuerdo sin problemas: fue en ese autobús en el que podría decirse que comenzó nuestra relación. Ahora quiero que sea ese mismo el que termine con ella.
El autobús de las ocho menos cuarto. Sí, los detalles de aquellos primeros instantes sí los recuerdo bien. La gente volvía de la playa y yo había estado con unas amigas comentando la juerga de la noche anterior. Ellas vivían en la ciudad, con lo cual yo solía volver sola en el autobús. En aquella ocasión allí estaba él, a quien conocía únicamente de vista, ya que se daba la casualidad de que los bares que frecuentábamos en las juergas eran, por lo general, los mismos, y además ya le había echado el ojo en algunos conciertos en los que también coincidimos. Nunca habíamos hablado antes, era solamente que me había fijado en él, pero en aquella ocasión, en el autobús, fue cuando empezamos a hablar. El autobús iba lleno hasta la bandera (¡malditos días de playa!) y se sentó a mi lado.
Arrancó el autobús y decidí conocerle, así que empecé a hablar con él. Estoy convencida de que si no hubiera iniciado yo la conversación, él no lo habría hecho y todo habría seguido igual, ya que no sé qué pasa con los chicos de esta ciudad y de los pueblos de alrededor, que si no es una misma la que da el primer paso, no ocurre nada. ¡Parece que nos tengan miedo!
Para romper el hielo utilicé la excusa de querer saber si conocía a una supuesta amiga mía, pensando que sería también amiga suya. Como no había tal amiga, era evidente que no la conocía, pero el primer paso ya estaba dado, así que lo siguiente fue pasar a comentar que me había parecido verle en otras ocasiones y que no sabía que éramos del mismo pueblo, por ejemplo. A pesar de que al principio le noté un tanto nervioso o tenso, con el transcurso de los minutos fue cogiendo confianza y tuvimos algún que otro momento divertido en la conversación. Sin duda parecía un tipo gracioso. Me gustó.
El autobús llegó a mi parada y entonces él me preguntó si no me importaba que fuera conmigo durante un rato para poder seguir charlando. Asentí con la cabeza, sonriendo para mis adentros pues notaba que no sabía disimular el esfuerzo que le suponía preguntarme aquello.
A partir de ahí según transcurrían los días fuimos acercándonos el uno al otro cada vez más, primero con simples conversaciones a través de chat, o en la típica red social, tan de moda y a la vez tan aburrida… Pero a pesar de ello no ocurría nada más, por lo tanto decidí de nuevo ser yo quien diera un nuevo paso si quería una relación seria, algo en condiciones.
Acordé quedar con él y tras tomar un par de refrescos en alguna terraza, por fin llegaron los primeros besos y las primeras caricias. Fue en ese preciso momento en el que debía haberme dado cuenta de que algo no iba a funcionar. No sabía qué era, sólo noté algo, un posible indicador que me decía que no siguiera para adelante. Pero no le hice caso, ese fue mi error.
No sé porqué me uní a él, ni qué me llevó a compartir tantas cosas y momentos con él. Me sentía sola, necesitaba tener a alguien a mi lado. El cuerpo, o mejor dicho mi vida, me lo pedían casi a gritos. Esa era la principal razón, ahora lo sé. Estaban pasando los años y notaba que mi soledad se hacía mayor. Ha sido todo una farsa ridícula, y por fin me he dado cuenta.
El autobús de las ocho menos cuarto…
Es ahora cuando he decidido que lo nuestro no puede continuar así. Ni así ni de ningún modo: simplemente debe acabar aquí. Su terrible monotonía y la rutina de siempre me aburren. No siento nada al tocarle, no siento nada cuando me toca. No tiene conversación. No me aporta nada. No sé si yo le aporto algo a él o si lo he hecho durante todo este tiempo, pero me da igual. No hay comunicación. Además aquella soledad que sentía en el momento de conocerle y que tan malos ratos me hizo pasar no se ha marchado, siempre ha estado ahí. Sigo estando sola. Rodeada de gente, pero sola… Eso es algo que me mata poco a poco, no lo puedo soportar.
Se me echa el tiempo encima y no quiero perder el autobús, así que me paro en seco y le digo lo que hay. Intento ser fría pero el nudo que se me empieza a formar en la garganta poco a poco hace que no me sienta tan fuerte como pensaba. Él no comprende nada y me pregunta porqué. Le explico todas mis razones y me pregunta qué han significado para mí todos esos instantes tan especiales que hemos vivido juntos. Le digo que nunca logré sentirlos como algo especial, y que sin duda, como decían en aquella película, esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. En mi vida pensé que pudiera decir algo así a alguien.
Debo marcharme y sé que él no lo va a impedir, no es su estilo. Sin querer le agarro la mano pero se ha convertido en algo inerte, una mirada al vacío llena de preguntas que se van a quedar sin respuesta.
Por fin, adiós.
Me alejo y me doy cuenta de que tengo que acelerar el paso hasta casi correr para poder llegar a tiempo al autobús. Faltan pocos instantes para que el reloj marque las ocho menos cuarto y estos autobuses siempre son puntuales. No me está dando tiempo y acelero más el paso. Comienzo a pensar en las palabras que he dicho hace tan pocos minutos. No sé si habré sido demasiado dura pero lamentablemente todo era verdad. Inconscientemente al doblar la última esquina comienzo a cruzar la carretera. Oigo un gran bocinazo y gritos de alarma de la gente cercana. Todo es negro de repente. Todo excepto las grandes luces del autobús de las ocho menos cuarto, que ha salido ya.
No sé cuánto tiempo llevamos juntos, pero todo eso me da igual, siempre es él quien se acuerda de ese tipo de cosas, ese tipo de chorradas. ¿Qué más dará tener conocimiento de esas nimiedades, cuando lo realmente importante es estar juntos?
No sé qué me está contando en estos momentos. No le estoy escuchando. Estamos caminando por el puerto en una tarde preciosa, y yo me pregunto qué hago aquí con él. Veo a la gente, a sus parejas, sonríen y parecen disfrutar. Parecen disfrutar. Yo lo intento, de veras que lo intento, y a cada momento que pasa me cuesta más disimular mi hastío, pero creo conseguirlo. Sonrío a las caras conocidas, comparto banalidades y tópicos en conversaciones insufribles. Decimos adiós y seguimos caminando. No hacemos otra cosa.
Si me marcho ahora creo que podría coger el autobús de las ocho menos cuarto. Llegaría a tiempo, no estoy más que a unos siete u ocho minutos. Qué casualidad, de algo sí me acuerdo sin problemas: fue en ese autobús en el que podría decirse que comenzó nuestra relación. Ahora quiero que sea ese mismo el que termine con ella.
El autobús de las ocho menos cuarto. Sí, los detalles de aquellos primeros instantes sí los recuerdo bien. La gente volvía de la playa y yo había estado con unas amigas comentando la juerga de la noche anterior. Ellas vivían en la ciudad, con lo cual yo solía volver sola en el autobús. En aquella ocasión allí estaba él, a quien conocía únicamente de vista, ya que se daba la casualidad de que los bares que frecuentábamos en las juergas eran, por lo general, los mismos, y además ya le había echado el ojo en algunos conciertos en los que también coincidimos. Nunca habíamos hablado antes, era solamente que me había fijado en él, pero en aquella ocasión, en el autobús, fue cuando empezamos a hablar. El autobús iba lleno hasta la bandera (¡malditos días de playa!) y se sentó a mi lado.
Arrancó el autobús y decidí conocerle, así que empecé a hablar con él. Estoy convencida de que si no hubiera iniciado yo la conversación, él no lo habría hecho y todo habría seguido igual, ya que no sé qué pasa con los chicos de esta ciudad y de los pueblos de alrededor, que si no es una misma la que da el primer paso, no ocurre nada. ¡Parece que nos tengan miedo!
Para romper el hielo utilicé la excusa de querer saber si conocía a una supuesta amiga mía, pensando que sería también amiga suya. Como no había tal amiga, era evidente que no la conocía, pero el primer paso ya estaba dado, así que lo siguiente fue pasar a comentar que me había parecido verle en otras ocasiones y que no sabía que éramos del mismo pueblo, por ejemplo. A pesar de que al principio le noté un tanto nervioso o tenso, con el transcurso de los minutos fue cogiendo confianza y tuvimos algún que otro momento divertido en la conversación. Sin duda parecía un tipo gracioso. Me gustó.
El autobús llegó a mi parada y entonces él me preguntó si no me importaba que fuera conmigo durante un rato para poder seguir charlando. Asentí con la cabeza, sonriendo para mis adentros pues notaba que no sabía disimular el esfuerzo que le suponía preguntarme aquello.
A partir de ahí según transcurrían los días fuimos acercándonos el uno al otro cada vez más, primero con simples conversaciones a través de chat, o en la típica red social, tan de moda y a la vez tan aburrida… Pero a pesar de ello no ocurría nada más, por lo tanto decidí de nuevo ser yo quien diera un nuevo paso si quería una relación seria, algo en condiciones.
Acordé quedar con él y tras tomar un par de refrescos en alguna terraza, por fin llegaron los primeros besos y las primeras caricias. Fue en ese preciso momento en el que debía haberme dado cuenta de que algo no iba a funcionar. No sabía qué era, sólo noté algo, un posible indicador que me decía que no siguiera para adelante. Pero no le hice caso, ese fue mi error.
No sé porqué me uní a él, ni qué me llevó a compartir tantas cosas y momentos con él. Me sentía sola, necesitaba tener a alguien a mi lado. El cuerpo, o mejor dicho mi vida, me lo pedían casi a gritos. Esa era la principal razón, ahora lo sé. Estaban pasando los años y notaba que mi soledad se hacía mayor. Ha sido todo una farsa ridícula, y por fin me he dado cuenta.
El autobús de las ocho menos cuarto…
Es ahora cuando he decidido que lo nuestro no puede continuar así. Ni así ni de ningún modo: simplemente debe acabar aquí. Su terrible monotonía y la rutina de siempre me aburren. No siento nada al tocarle, no siento nada cuando me toca. No tiene conversación. No me aporta nada. No sé si yo le aporto algo a él o si lo he hecho durante todo este tiempo, pero me da igual. No hay comunicación. Además aquella soledad que sentía en el momento de conocerle y que tan malos ratos me hizo pasar no se ha marchado, siempre ha estado ahí. Sigo estando sola. Rodeada de gente, pero sola… Eso es algo que me mata poco a poco, no lo puedo soportar.
Se me echa el tiempo encima y no quiero perder el autobús, así que me paro en seco y le digo lo que hay. Intento ser fría pero el nudo que se me empieza a formar en la garganta poco a poco hace que no me sienta tan fuerte como pensaba. Él no comprende nada y me pregunta porqué. Le explico todas mis razones y me pregunta qué han significado para mí todos esos instantes tan especiales que hemos vivido juntos. Le digo que nunca logré sentirlos como algo especial, y que sin duda, como decían en aquella película, esos momentos se perderán como lágrimas en la lluvia. En mi vida pensé que pudiera decir algo así a alguien.
Debo marcharme y sé que él no lo va a impedir, no es su estilo. Sin querer le agarro la mano pero se ha convertido en algo inerte, una mirada al vacío llena de preguntas que se van a quedar sin respuesta.
Por fin, adiós.
Me alejo y me doy cuenta de que tengo que acelerar el paso hasta casi correr para poder llegar a tiempo al autobús. Faltan pocos instantes para que el reloj marque las ocho menos cuarto y estos autobuses siempre son puntuales. No me está dando tiempo y acelero más el paso. Comienzo a pensar en las palabras que he dicho hace tan pocos minutos. No sé si habré sido demasiado dura pero lamentablemente todo era verdad. Inconscientemente al doblar la última esquina comienzo a cruzar la carretera. Oigo un gran bocinazo y gritos de alarma de la gente cercana. Todo es negro de repente. Todo excepto las grandes luces del autobús de las ocho menos cuarto, que ha salido ya.
FIN
28 de abril de 2011
Ward 13 (Cortometraje)
Genial corto hecho en stop-motion dirigido por el australiano Peter Cornwell en 2003. Acción, humor y algunas dosis de fantastique perfectamente hilados de una forma trepidante.
El corto obtuvo el premio del público al mejor cortometraje en la XV Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti en 2004, así como el premio del jurado (ex-aequo junto con otro que personalmente no es que me guste demasiado, titulado The Final Solution (Intolerance III), de Phil Mulloy.
El director Peter Cornwell no se prodiga demasiado. Aparte de este corto y de una serie de televisión llamada Post apocalyptic pizza, ha dirigido una película en 2009 titulada Exorcismo en Connecticut (que junto con Massachussets es el nombre de estado norteamericano que más gracia me hace, dicho sea de paso).
Sin más, el cortometraje. Que lo disfruteis (duración aproximada: 13 min. 20 seg)
El corto obtuvo el premio del público al mejor cortometraje en la XV Semana de Cine Fantástico y de Terror de Donosti en 2004, así como el premio del jurado (ex-aequo junto con otro que personalmente no es que me guste demasiado, titulado The Final Solution (Intolerance III), de Phil Mulloy.
El director Peter Cornwell no se prodiga demasiado. Aparte de este corto y de una serie de televisión llamada Post apocalyptic pizza, ha dirigido una película en 2009 titulada Exorcismo en Connecticut (que junto con Massachussets es el nombre de estado norteamericano que más gracia me hace, dicho sea de paso).
Sin más, el cortometraje. Que lo disfruteis (duración aproximada: 13 min. 20 seg)
17 de abril de 2011
Corto: El método Julio
Ayer contaba cuál fue el palmarés del Festival de Cine y DDHH de Donostia-San Sebastián. Hoy pongo el que ha sido el ganador del premio al mejor cortometraje según el jurado joven.
Se trata de El método Julio, de Jon Garaño. Un estupendo corto en el que se ven unas curiosas formas de hacer que los niños de una zona muy pobre de Venezuela (Petare) aprendan a leer y a escribir. Formas poco ortodoxas, se podrá pensar (como bien se dice en el corto), pero perfectamente válidas, vistos los resultados.
Título: El métido Julio
Director: Jon Garaño
Duración aprox.: 13 min 50 seg.
Se trata de El método Julio, de Jon Garaño. Un estupendo corto en el que se ven unas curiosas formas de hacer que los niños de una zona muy pobre de Venezuela (Petare) aprendan a leer y a escribir. Formas poco ortodoxas, se podrá pensar (como bien se dice en el corto), pero perfectamente válidas, vistos los resultados.
Título: El métido Julio
Director: Jon Garaño
Duración aprox.: 13 min 50 seg.
16 de abril de 2011
Festival de Cine y Derechos Humanos de Donosti: Palmarés
El pasado viernes 15 de Abril finalizó la novena edición del Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia-San Sebastián, dándose a conocer su palmarés.
El festival, ya consolidado, ha ofrecido una muestra de cine comprometido con el mundo que nos ha tocado vivir, haciéndonos ver la cantidad de injusticias y vulneraciones de los derechos humanos que existen y coexisten con todos nosotros. Terrorismo, infancia y juventud, violencia en países poco desarrollados, neocolonización, fundamentalismos religiosos, manipulación informativa en medios de comunicación, abuso de poder y de riquezas... Un largo etcétera que lamentablemente muchos sufren de primera mano y a quienes no estaría mal mirar durante un pequeño rato de nuestras acomodadas vidas en lugar de girar la cabeza hacia otro lado.
El palmarés ha sido el siguiente:
Premio del Público al Mejor Largometraje: Benda bilili!, de Renaud Barret y Florent de la Tullaye (Francia).
Premio Amnistía Internacional: Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. (Francia-Alemania-Chile).
Mención Especial de Amnistía Internacional: Chagos ou la mémoire des îles / Unforgotten Islands, de Michel Daëron (Francia-Australia).
Premio del Jurado Joven al Mejor Cortometraje: El método Julio, de Jon Garaño (España).
PD: Los músicos protagonistas de Benda bilili! (un grupo de discapacitados a consecuencia de la poliomelitis) actuarán el 21 de Julio en el marco del próximo Jazzaldia de Donosti.
Trailer de Benda bilili!
Trailer de Nostalgia de la luz
El palmarés ha sido el siguiente:
Premio del Público al Mejor Largometraje: Benda bilili!, de Renaud Barret y Florent de la Tullaye (Francia).
Premio Amnistía Internacional: Nostalgia de la luz, de Patricio Guzmán. (Francia-Alemania-Chile).
Mención Especial de Amnistía Internacional: Chagos ou la mémoire des îles / Unforgotten Islands, de Michel Daëron (Francia-Australia).
Premio del Jurado Joven al Mejor Cortometraje: El método Julio, de Jon Garaño (España).
PD: Los músicos protagonistas de Benda bilili! (un grupo de discapacitados a consecuencia de la poliomelitis) actuarán el 21 de Julio en el marco del próximo Jazzaldia de Donosti.
Trailer de Benda bilili!
Trailer de Nostalgia de la luz
10 de abril de 2011
Sidney Lumet (1924-2011)
Todavía está reciente la noticia de la muerte de un auténtico icono del cine como Liz Taylor, pero el paso del tiempo es implacable y ayer se supo una nueva triste noticia en el mundo del Cine. Uno de los grandes directores de la historia, Sidney Lumet, ha muerto a los 86 años por culpa de un linfoma.
Formado en la televisión (con la ayuda de su amigo Yul Brynner) y siendo parte de lo que se ha llamado la generación de la televisión junto a otros maestros como Arthur Penn, John Frankenheimer, Robert Mulligan, etc, que empezaron a dirigir en la pequeña pantalla para dar posteriormente el salto a la grande, debutó en el Cine en 1957 con una obra magnífica, imperecedera: 12 hombres sin piedad, por la que fue nominado al Oscar de mejor director. Cincuenta años después su último trabajo es también algo portentoso: Antes que el diablo sepa que has muerto. Cine negro del bueno del que muchos deberían tomar nota y aprender.
Entre aquella primera película y esta última ha habido otros trabajos memorables, entre los que cabe destacar claramente los que siempre recuerda todo el mundo (y con razón): Serpico, Tarde de perros, Network (Un mundo implacable), Asesinato en el Orient Express, Veredicto final... Todas ellas con muchos de los mejores actores del momento: Marlon Brando, Paul Newman, Ingrid Bergman, Al Pacino, Faye Dunaway, Henry Fonda... Muchas de las películas con la ciudad de Nueva York de fondo y con temas sociales, que es algo que caracterizaba al director (sobre su forma de retratar las ciudades donde basaba sus filmes, pero especialmente de Nueva York -la ciudad donde se crió y donde rodó muchas veces-, llegó a decir que era un personaje más de sus películas)
Un mítico director que no obtuvo ningún Oscar, a excepción de uno honorífico en 2005, y del que lamentablemente mucha gente ni se acuerda, o ni siquiera sabe quién es. Esperemos que a raíz de esta triste noticia haya gente que empiece a descubrir sus películas.
Sidney Lumet (1924-2011).
PD: Lumet obtuvo en 1960 la Concha de Plata en el Festival de Cine de San Sebastián por la película Piel de serpiente. Y en 1975, Al Pacino obtuvo el premio al mejor actor en el Zinemaldia por Tarde de perros.
7 de abril de 2011
World builder (constructor de mundos)
Va un cortometraje:
Título: World builder
Director: Bruce Branit
Año: 2007
Quizá sea algo previsible su final, pero los efectos visuales, la música y la ternura que desprende, hacen que me guste.
A todo esto, el director del corto, Bruce Branit, ha participado en los efectos especiales de series como Perdidos y en los de películas como Spawn (1997), Sin City (2005), King Kong (2005) o Ghost rider (2007).
Como extra, os dejo otro cortometraje de Branit, codirigido con Jeremy Hunt en el año 2000. Su título es 405.
A todo esto, el director del corto, Bruce Branit, ha participado en los efectos especiales de series como Perdidos y en los de películas como Spawn (1997), Sin City (2005), King Kong (2005) o Ghost rider (2007).
Como extra, os dejo otro cortometraje de Branit, codirigido con Jeremy Hunt en el año 2000. Su título es 405.
23 de marzo de 2011
Obituario: Liz Taylor

A los 79 años de edad Liz Taylor, una de las grandes actrices de Hollywood y uno de los rostros más populares del Cine ha fallecido por culpa de una insuficiencia cardíaca que la ha mantenido varias semanas en un hospital.
Mala noticia la de hoy para la comunidad cinéfila, sin duda. Unos ojos violeta inolvidables que fueron protagonistas de unas cuantas de las grandes producciones americanas en su época dorada. Sus actuaciones más recordadas son La gata sobre el tejado de zinc, Cleopatra, Gigante, De repente, el último verano, ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Una mujer marcada (con estas dos últimas películas obtuvo sendos premios Oscar)... Muchas, muchas películas estupendas.
Como curiosidades acerca de su vida, decir que apareció por primera vez en pantalla con nueve años. También que con la megaproducción Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz fue la primera actriz en cobrar un millón de dólares y que estuvo casada en numerosas ocasiones (ocho, concretamente), dos de ellas con el mismo actor, Richard Burton. De espíritu solidario y muy amiga del también fallecido Michael Jackson, su última película en pantalla grande fue Los Picapiedra (1994).
Liz Taylor: 1932-2011.
Fuente: IMDB
Mala noticia la de hoy para la comunidad cinéfila, sin duda. Unos ojos violeta inolvidables que fueron protagonistas de unas cuantas de las grandes producciones americanas en su época dorada. Sus actuaciones más recordadas son La gata sobre el tejado de zinc, Cleopatra, Gigante, De repente, el último verano, ¿Quién teme a Virginia Woolf?, Una mujer marcada (con estas dos últimas películas obtuvo sendos premios Oscar)... Muchas, muchas películas estupendas.
Como curiosidades acerca de su vida, decir que apareció por primera vez en pantalla con nueve años. También que con la megaproducción Cleopatra de Joseph L. Mankiewicz fue la primera actriz en cobrar un millón de dólares y que estuvo casada en numerosas ocasiones (ocho, concretamente), dos de ellas con el mismo actor, Richard Burton. De espíritu solidario y muy amiga del también fallecido Michael Jackson, su última película en pantalla grande fue Los Picapiedra (1994).
Liz Taylor: 1932-2011.
Fuente: IMDB
16 de marzo de 2011
John Mills

Hace ya un par de años pude disfrutar de toda la filmografía como director de David Lean en un ciclo de cine realizado en mi ciudad (el ciclo Nosferatu, a quien actualmente están dedicando una retrospectiva completa de François Truffaut, todo un lujo). Además de sus grandes clásicos como Doctor Zhivago, Lawrence de Arabia, El puente sobre el río Kwai, etc., y de otros pequeños como la inolvidable Breve encuentro, Cadenas rotas u Oliver Twist, disfruté de otros gratos descubrimientos como pueden ser, por ejemplo, Madeleine o La vida manda (entre otros).
Ahora bien, también hubo algún que otro descubrimiento, como por ejemplo el de actrices y actores. Entre las actrices podría destacar a Ann Todd, y entre los actores, a uno que trabajó en unas cuantas ocasiones con el director británico (al igual que el camaleónico Alec Guinness). Me refiero a John Mills (1908-2005).
Sir John Mills (cuyo verdadero nombre era Lewis Ernest Watts Mills) nació en el seno de una familia pobre en Norfolk (Gran Bretaña) donde desde pequeñito tuvo que verse obligado a trabajar para poder salir a flote junto con su familia. En plena juventud (con 20 años) se trasladó a Londres para poder seguir ganando algo de dinero. Debido a su estupenda voz pudo entrar en el mundillo del teatro, motivo por el cual acabó conociendo al famoso dramaturgo Noël Coward, de quien acabó haciéndose coleguilla, con lo cual el escritor le fichó para obras dramáticas de más enjundia, nada menos que adaptaciones de Shakespeare, forjándose un nombre en el panorama interpretativo.
Junto con ello, el salto al cine vino rodado, adquiriendo fama internacional con su interpretación en Adiós, Mr. Chips (Sam Wood, 1939). Posteriormente, en 1942, su amigo Coward contó con él para que interpretara el personaje de un marinero en la película que codirigiría con David Lean, en la que fue la primera colaboración entre ellos: Sangre, sudor y lágrimas (In wich we serve).
Después Lean y Mills colaborarían (ya sin Noël Coward en la dirección, pero sí adaptando una obra suya) en el melodrama La vida manda, película con muchos aciertos y con Mills interpretando de nuevo a un personaje con el que mucha gente de a pie se sentía reconocida. En Cadenas rotas (1946), Lean tuvo a John Mills para hacer del joven Pip, en la adaptación de la obra Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Una nueva colaboración entre director y actor la podemos ver en El déspota (Hobson's choice, 1954), siendo Mills en esta ocasión un buen zapatero pero algo cortito cuya forma de afrontar la vida y el paso de los días irá evolucionando gracias a una de las hijas del zapatero para el que trabaja, Charles Laughton (quien, como casi siempre, está un tanto excesivo).
En 1970 de nuevo y por última vez, David Lean tiene a John Mills en su reparto. En esta ocasión es en La hija de Ryan, película maltratada por crítica y público en su época pero que con el paso de los años ha logrado hacerse, con justicia, un gran hueco en la filmografía de ambos. Especialmente para Mills, ya que le valió su único Oscar, al mejor actor de reparto, por ser Michael, el tonto del pueblo, cojo, deforme y mudo... Pero componente fundamental en la historia de la película. [Nota: fue la penúltima película de David Lean. En 1984 dirigió su último filme, Pasaje a la India, y con esta de nuevo recuperó el prestigio que se supone había perdido con La hija de Ryan].
Lógicamente no sólo pudimos ver en estas películas mencionadas a John Mills, sino que también pudimos verle en otras como la mencionada Adiós, Mr. Chips, La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956), Gandhi (Richard Attenborough, 1982), Guerra y paz (King Vidor, 1956), y en sus últimos años, a pesar de haber perdido casi completamente la vista, en Hamlet (Kenneth Branagh, 1996) o Bean (Mel Smith, 1997).
A continuación, un par de momentos de John Mills...
El déspota (Hobson's choice)
La hija de Ryan (Ryan's daughter)
Y alguna imagen más, estas ya de mayor:




En definitiva, todo un actor (reconocido por la corona británica como caballero en 1976, concediéndole el título de Sir), de los denominados de raza, de esos que transmiten intensos sentimientos con pocas miradas o con pocas palabras... Un actor, sin duda, para ser recordado.
Ficha completa, cómo no, en IMDB
Ahora bien, también hubo algún que otro descubrimiento, como por ejemplo el de actrices y actores. Entre las actrices podría destacar a Ann Todd, y entre los actores, a uno que trabajó en unas cuantas ocasiones con el director británico (al igual que el camaleónico Alec Guinness). Me refiero a John Mills (1908-2005).
Sir John Mills (cuyo verdadero nombre era Lewis Ernest Watts Mills) nació en el seno de una familia pobre en Norfolk (Gran Bretaña) donde desde pequeñito tuvo que verse obligado a trabajar para poder salir a flote junto con su familia. En plena juventud (con 20 años) se trasladó a Londres para poder seguir ganando algo de dinero. Debido a su estupenda voz pudo entrar en el mundillo del teatro, motivo por el cual acabó conociendo al famoso dramaturgo Noël Coward, de quien acabó haciéndose coleguilla, con lo cual el escritor le fichó para obras dramáticas de más enjundia, nada menos que adaptaciones de Shakespeare, forjándose un nombre en el panorama interpretativo.Junto con ello, el salto al cine vino rodado, adquiriendo fama internacional con su interpretación en Adiós, Mr. Chips (Sam Wood, 1939). Posteriormente, en 1942, su amigo Coward contó con él para que interpretara el personaje de un marinero en la película que codirigiría con David Lean, en la que fue la primera colaboración entre ellos: Sangre, sudor y lágrimas (In wich we serve).
Después Lean y Mills colaborarían (ya sin Noël Coward en la dirección, pero sí adaptando una obra suya) en el melodrama La vida manda, película con muchos aciertos y con Mills interpretando de nuevo a un personaje con el que mucha gente de a pie se sentía reconocida. En Cadenas rotas (1946), Lean tuvo a John Mills para hacer del joven Pip, en la adaptación de la obra Grandes esperanzas, de Charles Dickens. Una nueva colaboración entre director y actor la podemos ver en El déspota (Hobson's choice, 1954), siendo Mills en esta ocasión un buen zapatero pero algo cortito cuya forma de afrontar la vida y el paso de los días irá evolucionando gracias a una de las hijas del zapatero para el que trabaja, Charles Laughton (quien, como casi siempre, está un tanto excesivo).
En 1970 de nuevo y por última vez, David Lean tiene a John Mills en su reparto. En esta ocasión es en La hija de Ryan, película maltratada por crítica y público en su época pero que con el paso de los años ha logrado hacerse, con justicia, un gran hueco en la filmografía de ambos. Especialmente para Mills, ya que le valió su único Oscar, al mejor actor de reparto, por ser Michael, el tonto del pueblo, cojo, deforme y mudo... Pero componente fundamental en la historia de la película. [Nota: fue la penúltima película de David Lean. En 1984 dirigió su último filme, Pasaje a la India, y con esta de nuevo recuperó el prestigio que se supone había perdido con La hija de Ryan].
Lógicamente no sólo pudimos ver en estas películas mencionadas a John Mills, sino que también pudimos verle en otras como la mencionada Adiós, Mr. Chips, La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956), Gandhi (Richard Attenborough, 1982), Guerra y paz (King Vidor, 1956), y en sus últimos años, a pesar de haber perdido casi completamente la vista, en Hamlet (Kenneth Branagh, 1996) o Bean (Mel Smith, 1997).A continuación, un par de momentos de John Mills...
El déspota (Hobson's choice)
La hija de Ryan (Ryan's daughter)
Y alguna imagen más, estas ya de mayor:


En definitiva, todo un actor (reconocido por la corona británica como caballero en 1976, concediéndole el título de Sir), de los denominados de raza, de esos que transmiten intensos sentimientos con pocas miradas o con pocas palabras... Un actor, sin duda, para ser recordado.
Ficha completa, cómo no, en IMDB
3 de marzo de 2011
Angelo... eso es Twin Peaks
El vídeo que presento a continuación es impresionante. Se trata de Angelo Badalamenti, compositor habitual de las películas de David Lynch, narrando cómo fue la creación de uno de los temas más importantes de la banda sonora de la grandísima, inolvidable y referente serie de televisión Twin Peaks (¡ni Perdidos ni leches!).
El vídeo lo vi en su momento en el extinto blog de Nacho Vigalondo.
Cada capítulo contenía una magia y un misterio inigualables, así como toda la fauna de personajes que habitaban el pueblo. Kyle MacLachlan siempre será recordado como el agente Cooper, charlando con la invisible Diane, obsesionado con el buen café de Twin Peaks y con sus extraños sueños reveladores...
Y el final de la serie... ¡menudo final! La primera vez que lo vi hace muchos años podría decirse que pasé miedo, y el resto de veces quizá ya no exista esa sensación pero sin duda persiste el aire de inquietud e intriga que tan bien se muestra en todos los capítulos.
Como extra, incluyo también la intro de la serie, con esa fantástica música y las imágenes del pueblo. Inolvidable.
El vídeo lo vi en su momento en el extinto blog de Nacho Vigalondo.
Cada capítulo contenía una magia y un misterio inigualables, así como toda la fauna de personajes que habitaban el pueblo. Kyle MacLachlan siempre será recordado como el agente Cooper, charlando con la invisible Diane, obsesionado con el buen café de Twin Peaks y con sus extraños sueños reveladores...
Y el final de la serie... ¡menudo final! La primera vez que lo vi hace muchos años podría decirse que pasé miedo, y el resto de veces quizá ya no exista esa sensación pero sin duda persiste el aire de inquietud e intriga que tan bien se muestra en todos los capítulos.
Como extra, incluyo también la intro de la serie, con esa fantástica música y las imágenes del pueblo. Inolvidable.
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