21 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026 - "Die gäste / Los invitados" (Cristina Diz & Stefan Butzmühlen)

[MADE IN SPAIN]


En 1960 los alemanes buscan en España mano de obra para sus fábricas, y el régimen del dictador se la ofrecía. Esta es una de las caras que no se cuentan tanto de aquellos años, pues lo que mayormente se piensa es que los españoles, dada la precariedad en la que se encontraba España, iban a Alemania a trabajar por su cuenta para buscar fortuna (véase ¡Vente a Alemania, Pepe! -Pedro Lazaga, 1971), que por supuesto habría quien lo consiguiese, pero no hay que dejar de lado la realidad de lo que también pasaba en el país… Este es el inicio de la película, la cual nos traslada enseguida a la ciudad alemana de Colonia en 1973, donde hay un grupo de españoles trabajando, entre quienes se encuentra Iria, una joven interpretada por Greta Fernández que está enamorada de Hajo, un chico alemán, y que se entera de que su madre ha sufrido un gravísimo accidente en la fábrica del que no va a poder salir. Es entonces cuando Iria decide llevar a su madre a su pueblo natal en Galicia, para que muera allí, ayudado por Hajo y el coche de su padre. Comienza entonces su viaje.

Durante buena parte de la peli nos encontramos con una road movie donde vamos asistiendo a las diferencias que la pareja de jóvenes tiene entre sí. Se quieren mucho, pero él no deja de ser un joven alemán de buena familia, mientras que ella es de clase baja que no tiene nada. Con esto, la verdad sea dicha, no se aporta gran cosa, ya que esto de que dos personas vayan conociéndose mejor (para bien o para mal en cuanto a su relación) es algo muy previsible en este tipo de historias.


Con una fotografía habitual en una película ambientada en los años setenta, como también lo eran las estupendas Torremolinos 73 (Pablo Berger, 2003) o la reivindicable Carreteras secundarias (Emilio Martinez-Lázaro, 1997), lo realmente interesante en la película se descubre cuando por fin llegan al pueblo gallego para enterrar allí a la madre. Poco a poco se van desvelando detalles de los personajes (tanto de los presentes como de los ausentes), que hacen que el comportamiento de Iria se vaya endureciendo, haciéndose más fuerte, o al menos intentándolo, y que la mirada del espectador hacia ella sea cada vez más comprensiva y empática.

Y es que con esos personajes se refleja muy bien un tipo de país que, aunque muy arraigado en aquellos años, lamentablemente sigue existiendo: Un país de hombres, donde ellos ríen y ellas friegan. Donde ellos pegan y ellas callan. Donde el silencio puede más que cualquier mirada o paso al frente. Una España donde, además de haber un dictador para todo el país, prácticamente en cada casa existía otro, a nivel doméstico. Mientras que uno fusilaba, el otro mataba en silencio. Por eso, como decía antes, a Iria cada vez se la va queriendo un poco más. Porque se entiende perfectamente cada decisión suya, estando siempre a su favor.

Para acabar, me gustaría destacar tres momentos: El primero, es el guiño con Eduard Fernández (Greta es su hija en la vida real); el segundo, el momento con las meigas, quedando realmente bonito y siendo muy acorde con lo que se cuenta en la película; el tercero, relacionado con la banda sonora, es la comparación de la canción que suena en los títulos de crédito iniciales, con la de los finales. La de los iniciales es “Trico trico trá” de Tony y los Santos, una canción muy de aquellos años, los setenta, que habla de que hay que disfrutar, pero ojo, también “hay que madrugar para ir a trabajar”. La de los créditos finales, por su parte, es totalmente significativa, y es “Banzai” de Gata Cattana, una canción más o menos reciente (de 2017) que rompe el tiempo entre la película y el espectador, para trasladar ese mensaje de la película, con un largo plano final de Greta Fernández aguantando en pantalla, para resaltar más esa empatía con ella que he comentado.




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