21 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026 - "Artakalan / What remains" (Yeşim Ustaoğlu)

[SECCIÓN OFICIAL]


Una poetisa sufre de carencia creativa. No está en su mejor momento. No le viene la inspiración. Es de noche. Llora. Su marido y su hijo duermen. Ni la paz nocturna de las calles de Turquía pueden calmar esa desazón. Pero no sólo es el miedo a la falta de inspiración lo que le atenaza. Hay algo más. Y a lo largo de la película descubriremos qué es.

La cineasta  Yeşim Ustaoğlu regresa al Festival tras triunfar por todo lo alto en 2008 con aquel estupendo drama que hizo llorar a tanta gente que fue Pandora’s box, ganando la Concha de Oro a la mejor película, y la de Plata (ex aequo) a la mejor actriz para aquella adorable mujer que era Tsilla Chelton (era muy bonito verle cómo flipaba al firmar autógrafos a sus casi noventa años). En esta ocasión presenta a competición una película totalmente diferente, donde cuenta un viaje, o mejor dicho dos, ya que además del de la protagonista, también veremos el de su pareja, que también tiene lo suyo, haciéndonos ver ambas historias en paralelo.


Con un inicio oscuro en cuanto a puesta en escena (casi todo en interiores) e iluminación (que refleja bien lo comentado sobre cómo se encuentra el personaje femenino) y unas imágenes poéticas que remiten a su especialidad como escritora (el agua del puerto chocando contra barrotes, una hoja solitaria en el suelo, gaviotas en lontananza…), los diálogos entre la pareja protagonista se irán sucediendo de una forma muy cadenciosa, donde se intentará comprender mejor qué le pasa a la protagonista. Cosa que no va a pasar hasta ya bien avanzada la película, cuando el tono cambie y se convierta su historia en una especie de road movie más luminosa (se irá encontrando con algunos personajes con los que compartirá historias). No se tiene claro qué busca o hacia dónde se dirige, y esto en cuanto a guion es una gran pega. Será ya hacia el final, un tanto previsible, donde por boca de ella sabremos por qué ha ido donde ha ido. Y entonces nos daremos cuenta de que es un tipo de historia que ya nos han contado muchas veces.

Decía más arriba que la parte masculina del relato también tiene su propio viaje. Esto es porque él debe ir, con su hijo, al pueblo de su infancia porque su padre está muy enfermo y a punto de morir. Al llegar allí se encuentra con alguien a quien no quiere ver y que sólo tiene ganas de morir. Esta historia y la de ella son diferentes, pero en realidad nos están hablando de lo mismo, tomándose la realizadora su tiempo para contarlas. Lo mismo se tira un buen rato contándonos el viaje de ella mientras que apenas sabemos nada de él o de su hijo, como a la inversa. Será hacia el final cuando ambas historias vayamos viéndolas más claramente en paralelo, dándonos a entender que van a converger, llegando ambos personajes a un punto común en cuanto a lo que sienten y a su evolución como personas ante ciertos embates de la vida.


Cada personaje en la película es consciente de “lo que les queda” (el título en inglés, “what remains”, significa precisamente eso), ya sea una paisana que transporta gente que vive en chabolas, o ya sea una doctora que acoge a la protagonista (este trozo es bastante incomprensible en la historia, que lo único que hace es alargar el metraje), o los propios protagonistas. Todo gira en torno al desarraigo, a los rencores del pasado y la expiación de la culpa, al descubrimiento de ciertos datos que hacen que cambie la forma de ver la vida de uno mismo… Lo dicho: historias ya vistas y contadas en otras ocasiones. Y es esto lo que más pesa a la película, haciendo que el espectador se pregunte “¿y todo era para esto tan evidente?”.

PD: Como curiosidad, comento que en la película aparece una bola negra, tan de moda últimamente gracias a la película de los Javis.

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