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15 de diciembre de 2019

Casi todo Kieslowski: 'No matarás'

Krzysztof Kieslowski, junto a su ya guionista habitual Krzysztof Piesiewicz, prepararon diez episodios para televisión de su particular versión del Decálogo de los mandamientos. Inicialmente la idea era que cada episodio lo realizara un director diferente, reservándose Kieslowski la realización de dos de ellos. La idea no se pudo llevar a cabo y finalmente fue él mismo quien dirigió los diez episodios y, eso sí, pudiendo obtener más dinero para realizar la ampliación de dos de ellos, para poder estrenarlos en cine y así tener mayor alcance y repercusión. Tanto en este artículo del ciclo como en el siguiente, hablo de estas dos películas.

NO MATARÁS
Krótki film o zabijaniu, 1988


Lo primero que llama la atención de No matarás (película que obtuvo el Premio del Jurado en el festival de Cannes, entre otros muchos premios en otros festivales, y que es una adaptación para cine del quinto mandamiento del Decálogo de Kieslowski) es la saturación de colores y filtros usados para resaltar personajes, calles o situaciones. Se trata de una estética que también se puede apreciar en otros grandes autores europeos como Aki Kaurismaki, Lars Von Trier o Jean-Pierre Jeunet, por ejemplo.

Lo siguiente en lo que el espectador se fija es en que parece ser una película con tres historias diferentes: la de un joven que vagabundea sin motivo aparente por las calles de Varsovia, la de un abogado recién licenciado, y la de un taxista. Al poco rato ya uno se da cuenta de que estas tres historias se van a cruzar, corriendo cada una de ellas una suerte diferente.

Es inevitable reconocer ciertas constantes habituales en el cine de Kieslowski, como puede ser lo relacionado con el azar o el destino, y los actos de cada individuo. Si bien Kieslowski no profundiza en esto último en esta ocasión, sí que es digno de mención el debate que puede surgir en el espectador tras su visionado, pudiéndose hacer preguntas tales como: ¿dónde reside el mal? ¿está en la mente de todos? ¿Somos malos por naturaleza? ¿Qué instintos seguimos? ¿Qué papel juega el azar en nuestras vidas? ¿Y la religión, es decir, Dios?


Una de las mejores cosas de la película es que ni Kieslowski ni Piesiewicz juzgan a los personajes. Kieslowski nunca lo hace (esa es otra cosa habitual en la filmografía del director, y en esta ocasión lo de no juzgar a sus personajes es además casi de forma literal, pues Kieslowski nos evita asistir al juicio que se realiza, mostrándonos únicamente la parte final del veredicto del mismo), y no justificar en ningún momento por qué el asesino hace lo que hace, aunque queda casi claro  cuando cuenta a su abogado, poco antes de ser ejecutado, lo ocurrido con su hermana, planteando así otro tema habitual en Kieslowski, el "¿qué hubiera pasado si...?" (ver artículo sobre El azar en este mismo ciclo). Es este un gran momento dentro de la película, ya que quizá lo que el espectador esté esperando sea una confesión, una respuesta al por qué de hacer lo que hizo. Pero no. En vez de eso, el reo habla de su propia vida.

Hay en la película otros grandes momentos de violencia: el del asesinato del taxista, y el de la ejecución final (otro asesinato, al fin y al cabo). En ambos casos vemos todo al detalle, especialmente en el del final, donde no sólo vemos el derrumbe del acusado, sino cómo entran en juego todos los elementos que con anterioridad ha dispuesto el verdugo. Un momento realmente espeluznante (el otro comentado también lo es, claro) que en cierto modo y salvando las distancias, recuerda a aquella otra ejecución de Bailar en la oscuridad (Lars Von Trier, 2000), convirtiéndose finalmente en toda una reflexión sobre la violencia y el asesinato, así como de sus consecuencias.


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