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9 de diciembre de 2019

Casi todo Kieslowski: 'El azar'

EL AZAR
Przypadek, 1981
El azar ya no es una descripción del mundo externo, sino más bien del interno. Es una descripción de los poderes que intervienen en nuestro destino, que nos empujan hacia un lado o el otro. (1)

Hay muchas películas a lo largo de la historia del Cine que juegan con el "¿y si...?", y las diferentes posibilidades enmarcadas dentro de un hecho fortuito, y los tejemanejes del Destino. Ahí están la maravillosa La vida en un hilo (Edgar Neville, 1945), la olvidable Dos vidas en un instante (Peter Howitt, 1998), o incluso la adrenalínica Corre, Lola, corre (Tom Tykwer, 1998). La película que trato ahora aquí, El azar, sin duda se une a ese grupo, pues en ella lo que vemos es qué vidas puede llevar una persona en caso de alcanzar un tren perderlo. Elemento ese, el del tren, muy significativo para estos casos (también se encotnraba este medio de transporte en la película de Neville y en la de Howitt -aunque en la de éste era un metro).

El azar es una de las películas más significativas de Krzysztof Kieslowski, una de las que mejor consideradas están de su filmografía entre los estudiosos de la obra del director polaco. ¿Y cuál es la razón para ello? Primero, porque sigue siendo fiel a lo que Kieslowski nos lleva mostrando desde sus primeros trabajos, y además desde el ámbito de la ficción; segundo, por hacer ver al espectador las diferentes opciones sociales o políticas (con el Partido gobernando sus vidas) que los ciudadanos y ciudadanas de Polonia de esa época tenían: o afiliarse políticamente, o estar en la oposición, o pasar de ambas cosas; tercero, porque se desarrolla con más precisión lo que tanto se debate con su anterior película, El aficionado: el "yo", la interiorización de las decisiones tomadas, el libre albedrío.

Witek, el joven protagonista de la película, decide coger un tren a Varsovia abandonando sus estudios de medicina. ¿Qué pasa cuando alcanza el tren? ¿Qué pasa cuando no lo hace, y además se rebela contra el sistema? Y si no se rebelase, ¿qué ocurriría? Estas son las tres opciones del Destino con las que juega Kieslowski.


En la primera de ellas, Witek se une al Partido y, aunque mantiene cierto contacto con gente de la oposición gracias a una antigua novia, poco a poco va inmiscuyéndose más en los temas del Partido. Eso sí, sin dejar de tener cierta conciencia respecto a esa oposición joven y luchadora que tanto desea el cambio. Esos jóvenes, podría decirse que son fiel reflejo de lo que se llama "cultura joven", defendiendo el inicio.

En el segundo trozo, es el caso inverso. Witek no alcanza el tren, y tras una trifulca con la autoridad (fragmento censurado en la película, por cierto), decide integrarse en la oposición y estar en la clandestinidad, pero mostrando y defendiendo de nuevo, por parte de Kieslowski, el individuo. Ese individuo que, una decisión tras otra, va forjándose. Siempre a través de decisiones.

En el tercer y último tramo, Witek tampoco alcanza el tren pero decide no pelearse con nadie, así que tendrá una vida tranquila, retomando los estudios y trabajando sin problemas. Con una familia que le quiere y sin mojarse con nada relacionado con la política ni lo social... hasta que se toma una decisión. Y ahí, de nuevo el Destino hará acto de presencia. Ese Destino que a base del libre albedrío parecía poder evitarse... acaba llegando.


El propio Kieslowski dice que El azar tiene elementos autobiográficos, al haber pasado él mismo por esas tres etapas en su vida.

Para acabar, hablo del inicio: Un grito que tras ver la película entera, uno llega a comprender, un "¡NO!" que nos adentra en el interior de Witek a través de su boca, dejando claro todo lo expuesto anteriormente: la interiorización a través de las decisiones. Decir "no" desde lo más interno. Rebelarse contra el Destino.


(1) Cita del propio Kieslowski en su libro autobiográfico Kieslowski on Kieslowski, mencionado en el libro publicado por el ciclo Nosferatu La doble vida de Krzystof Kieslowski, coordinado por Joanna Bardzinska.


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