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6 de diciembre de 2019

Casi todo Kieslowski: 'El aficionado'

EL AFICIONADO
Amator, 1979

Una cámara de Super 8 para ir grabando cada mes a su hija recién nacida. Esa es la intención de Filip Mosz, el protagonista (encarnado por Jerzy Stuhr), aunque rápidamente se da cuenta de que lo que puede realizar con la cámara va más allá, convirtiéndose así en algo más que una pura afición. Se convierte en su vida.


Podría decirse que Mosz es un alter ego del propio Krzysztof Kieslowski y que El aficionado se trata de una película autobiográfica... pero no. En realidad, la vida de este personaje poco tiene que ver con la de Kieslowski, salvo en el aspecto de la realización de documentales, tan del gusto del personaje y del director. Curiosamente, y respecto a esto, dos de los documentales realizados por Mosz que se ven en la película son dos de los proyectos que Kieslowski no llegó a realizar. Además, como ya he comentado con anterioridad en este ciclo dedicado al director polaco, algunas  de sus películas ponían en situaciones altamente comprometidas a sus protagonistas (a los actores que los interpretaban, mejor dicho), cosa que Kieslowski no deseaba en absoluto, siendo ésta una de las principales causas por las que dejó el género documental. Ética profesional que se refleja perfectamente en esta película, convirtiéndose así en una forma inteligentísima de seguir siendo fiel a sus propios orígenes y a lo que hasta ese momento tanto le seguía interesando.

Más allá de las posibles lecturas políticas que pueda tener la película -porque las tiene, no hay más que ver el personaje del director y las corruptelas que se trae entre manos, evidenciándose en uno de los trabajos de Mosz, que acaban con el despido de su compañero-, la película es un proceso de aprendizaje y descubrimiento, tanto de la vocación de cineasta como de la de artista, así como del "yo". Una interiorización cada vez más evidente en Filip que provocará que no le llegue a importar nada más en la vida. A destacar sobre esto, por ejemplo, ese momento mezcla de drama, comicidad e incluso cierto patetismo, en el que su mujer le abandona y mientras ésta se está marchando, Filip junta sus manos para imaginar el encuadre de ese momento de su vida. Todo esto, además, cobrará sentido en la mágica e interesantísima escena final.


Otro momento estupendo de la película es aquel en el que a un amigo del protagonista se le ha muerto su madre y le pide la cinta en la que ella aparece, grabada mientras miraba a su hijo desde la ventana. La frase que le dice a Filip es "es precioso lo que hacéis, chicos. El hombre deja de vivir, pero ella todavía está aquí" (en la cinta).

¡Y otra escena más a destacar! Aquella en la que quien está a punto de ser despedido, insta a Filip a continuar con su pasión, indicando claramente qué puede suponer seguir grabando para alguien como Mosz. Tanto esta como la escena anterior, son sin duda dos hermosas declaraciones de amor al Cine.

En otro orden de cosas, llama la atención la forma en la que empieza la película: parece una comedia. El protagonista Filip Mosz es alguien torpe frente al nacimiento de su hija, le da hipo, bebe muchísimo vodka... Casi con esto uno se puede acordar del tipo de comedia que protagonizaba José Luis López Vázquez en aquellos mismos años. Incluso, salvando las distancias, a ambos actores se les puede encontrar cierto parecido físico... Tras este inicio, eso sí, entramos en harina y el tono de la película cambia completamente.


Curiosamente a quien pasa a recordar posteriormente el personaje es al gran Fernando Fernán-Gómez, siendo dicha mención o parecido, para mí, nada casual, pues el español participó en aquella joya de 1954 dirigida por Lorenzo Llobet-Gracia, Vida en sombras, y con la que encuentro la similitud de que el cine, la captura de imágenes en movimiento, va más allá de las propias vidas de sus protagonistas, con diferentes consecuencias. Es más, aún uno puede también acordarse de otra obra magna: Arrebato (Iván Zulueta, 1979), en la que se veía lo vampírico que puede llegar a ser el cine...

Para acabar, no podía dejar de comentar la escena final. Hay diferentes interpretaciones al respecto, y la mía sólo será una más entre todas ellas. Si bien la opinión más extendida es la de que ese giro de la cámara de Filip hacia sí mismo es significativo de lo ya comentado acerca del "yo" en un "de lo externo hacia lo interno", de la interiorización... mi teoría es que a pesar de que el pobre Filip parece estar continuamente tropezándose con obstáculos que le impiden vivir, que le impiden respirar (el abandono de su mujer, la presión de su jefe, el despido de su compañero), el cine será lo que le devuelva la respiración, lo que le devuelva a la vida (al empezar a grabar para narrar su propia historia, Filip toma aire, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante largo rato). El cine, pues, le permitirá seguir viviendo.

El cine es la vida.


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