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1 de marzo de 2019

SÍ volveré a ver los Oscar por estas diez razones


No nos engañemos. O al menos, yo no os voy a engañar. Por mucho que diga o por mucho que critique a los Oscar, tengo claro que volveré a ver la gala del año que viene. Me gusta la salsa de este tipo de premios, y me gusta ver a gente que admiro como actores, actrices, directores o directoras recibiendo premios, poniendo caritas, etcétera. 

Por lo tanto y sin enrollarme más de la cuenta, voy a tratar de enumerar diez razones que además de porque me gusta ver estas cosas, hacen que el año que viene vuelva a trasnochar y pase la noche en vela para ver qué película se convierte en la película del año, o quiénes en las personalidades cinematográficas del mismo.

Allá voy:


1.- Glamour. Quizá sea la razón más floja de las de este apartado, pero lo dicho: los Oscar son una ocasión excepcional para ver a mucha gente a la que se admira (o que ha realizado trabajos que admiras) con vestidos impresionantes, sonrisas y bronceados preciosos, un saber estar único... Eso que se llama glamour no puede faltar, y a veces, por qué no, está bien verlo.

2.- Inicio cómico. La gala no tuvo presentador alguno como maestro de ceremonias, pero para entregar el primer premio de la noche aparecieron las actrices Maya Rudolph, Tina Fey y Amy Poehler. Las tres con una vis cómica extraordinaria y con una larga carrera de comedia a sus espaldas. No defraudaron, ya que hicieron chistes y se mofaron de alguna que otra cosa, que buena falta hacía.

3.- Melissa McCarthy. Más allá de los premios y los premiados, la aparición de la actriz Melissa McCarthy para entregar un par de premios (junto a un señor que no sé quién es) fue uno de los hitos de la noche, estando caracterizada como la reina de La favorita. Fue divertidísimo y además los momentos graciosos no fueron precisamente los que ella decía, sino los que protagonizaba el conejo de peluche que llevaba en la mano, convirtiendo ese momento en pura comedia. Alta comedia. Melissa McCarthy es alguien que vale mucho para esto (este año, además, ha demostrado que también sirve para el drama con ¿Podrás perdonarme algún día?)


4.- Rodrigo Sorogoyen. El director del corto Madre estaba nominado al Oscar y aunque no se lo llevó, siempre es una gozada ver algún trabajo español en lo más alto, y más si se tiene en cuenta lo bueno que es, pues Madre es un cortometraje excelente. Fue una lástima que no se le enfocara (para los premios menores no muestran imágenes de los nominados), pero sabíamos que ahí estaba. Bravo por Sorogoyen, estamos deseando ver la adaptación a largometraje de Madre.

5.- Olivia Colman. Grandísima actriz. Y además, encantadora. Su papel de reina en La favorita le ha hecho perfecta merecedora del Oscar a la mejor actriz, y su discurso fue emotivo de verdad, ya que se le notaba realmente sorprendida (no porque dijera cosas "para emocionar")

6.- Javier Bardem dándolo todo con la banda Queen. Como no había presentador de la gala, a la Academia de Hollywood, o a quien narices maneje este tipo de eventos, se le ocurrió empezar la noche con un par de canciones de Queen cantadas en directo por la propia banda (por cierto, que sigo sin saber quién es el que cantaba) en claro homenaje al propio grupo pero también a una de las películas de la noche: Bohemian Rhapsody. El caso es que ante la sorpresa de mucha gente entre el público, quien más destacó por estar pasándoselo como un enano fue el gran Javier Bardem. Hubo un momento en el que le enfocaron y lo estaba dando todo. Ya que vas a Hollywood a un fiestorro como los Oscar, qué menos que divertirte como el que más.


7.- Spike Lee. Más allá de sus declaraciones sobre si le parecía bien que Green book ganase el Oscar a la mejor película, uno de los que también pareció pasárselo en grande fue Spike Lee. Claro, él ganó también un Oscar (mejor guión adaptado por Infiltrado en el KKKlan) y cómo no iba a pasárselo bien con eso... Una de las imágenes de la noche, de las muchas que ofreció, fue el salto que dio abalanzándose sobre Samuel L. Jackson al recoger su estatuilla.

8.- Amy Adams y Emma Stone. Tengo debilidad por estas dos grandes actrices. Ambas estaban nominadas en la misma categoría y estaba claro que no iban a ganar el premio, pero verlas ahí, disfrutando de la noche también pues tienen ya muchas tablas en cosas así (Stone ya tiene un Oscar, y Adams ha estado nominada ya muchas veces, ojalá no tarde en conseguirlo) siempre hará que pasar una noche en vela merezca la pena.

9.- Roma. No se llevó el Oscar a la mejor película, aunque lo merecía. Pero se llevó tres en total: fotografía, dirección y película de habla no inglesa. Ahí queda eso. Una historia maravillosa contada de forma excepcional y mágica tenía que ser sí o sí una de las triunfadoras de la noche. Ver a Alfonso Cuarón subir al escenario tres veces era algo que merecía la pena ver. Ojalá más películas como Roma, ojalá más películas que cuentan cosas, que cuentan vidas, que cuentan historias tan verdaderas.

10.- Son los premios de cine más importantes del año. Ya lo decía al principio: no nos engañemos. Yo no me voy a engañar a mí mismo. Los Oscar, guste o no, ya tienen ese estatus, se lo han ganado con el paso de los años y aunque a estas alturas ya no se premie tanto Cine como el de hace muchos años (ay, aquella época dorada...), cada año hay elementos que sí tienen algo de ese Cine que buscamos, el que nos llega y nos toca, el que siempre querremos disfrutar. Hay que buscarlo y apreciarlo, y a veces entre esos académicos que toman decisiones tan absurdas un año tras otro, está bien saber que habrá gente que busca también eso mismo.

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