Cargando buscador...

14 de julio de 2010

Do you mind? (Cuarta y última parte)

[Viene de: Do you mind? (Tercera parte)]

Recordando cómo habían transcurrido todas estas cosas, me dirigía, nos dirigíamos, los guardias y yo, hacia ella.

Mi nerviosismo aumentaba exponencialmente, es decir, a lo bestia.
- ¿Está… está guapa? –pregunté a mis dos “guardaespaldas”. Vaya preguntas se me ocurren hacer.
- ¿Que si está guapa quién? –dijo el más feo de los dos. En realidad, de los tres, porque yo no es que sea un Robert Redford, o un Paul Newman, pero algo de gracia en ese sentido, sí que tengo. Me gustaría saber de qué tebeo de Mortadelo y Filemón había salido ese guardia.
- Mi... mi visita… eh… ella.

Comenzaron a reírse, con unas risotadas que me molestaron bastante. Cada vez me caían peor. Con esto, llegamos a la sala de visitas.

- La mesa del fondo, cuatro-tres-siete. Tienes veinte minutos –y me dieron un pequeño empujón además de unas palmaditas en el hombro.

Según me iba acercando, pensaba en qué sería lo primero que le diría a mi amada. “Dile que está muy guapa. Eso siempre queda bien”, me dije. Llegué a la mesa del fondo, a la zona más oscura de la sala, como oscuro se me volvió todo al comprobar que no era quien estaba allí… era Jotapé.

- Hola, Jotapé. Me alegro de verte. –Me entró una depresión descomunal.
- Sí, claro –rió-. Y quieres que me lo crea. Pensabas que sería ella, ¿verdad?
- La verdad es que sí, amigo.
- Deja de llamarme “amigo”.
- ¿Cómo dices?
- Que no soy tu amigo, joder. ¿Es que no lo entiendes?
- Pues… no.
- Siempre has sido un fracasado. Y a mí no me gustan los fracasados. Deberíais estar todos muertos. A ti, en cambio, decidí meterte en la cárcel, pero es porque hace algún tiempo compartimos buenos momentos. No por otra cosa.
- ¿Me… me hubieras matado?
- Por supuesto.
- Pero, ¿por qué, Jotapé? ¿Por qué? –comenzaron a brotarme algunas lágrimas, mezcla de incomprensión y dolor.
- Joder, te los estoy diciendo. Porque eres un fracasado, y los fracasados no van a ningún lado, y lo que es peor, hacen que todo el mundo no vaya a ningún lado. Mírate: siempre lloriqueando y haciéndote ilusiones imposibles. No has llegado a nada. ¡No aspiras a nada! No se puede estar siempre así, y tú lo estás.

Me sequé con la manga las lágrimas. Me hizo sentirme avergonzado. –Tienes razón. Con ella, por ejemplo, me hice muchas ilusiones.

- Exacto. ¿Y todo para qué? ¡Para nada! A ver si aprendes de una vez.
- ¿Está ella contigo?
- Evidentemente. Desde hace varios años. Nos conocimos en un viaje por el sur de Francia cuando…
- No me cuentes tu vida, Jotapé –hice una pequeña pausa-. Cabrones –estaba furioso- Y ahora, ¿está ella aquí?
- Claro, esperándome fuera. Con el BMW oscuro que tanto te gusta. Si estás pensando que le diga que venga a verte, ni lo sueñes –me había leído el pensamiento-. Además, ella me ha dicho que no piensa entrar.

Sonó una bocina horrenda que indicaba que el tiempo de visita se había agotado. Enseguida apareció el del tebeo de Mortadelo para asegurarse de que había oído el bocinazo.

Cerré los ojos, y eché un último vistazo mental a la chica de mis sueños, como si hubiera sido ella quien había venido a visitarme. Desde la planta de los pies –mejor dicho, desde la punta de los tacones- hasta el último pelo de su hermosa melena, pasando por sus caderas, sus pechos, su mirada…

Todo el mundo hace el idiota por alguien. Sólo envejeciendo es posible librarse de las complicaciones, así que me concentraré en eso. Tal vez viva tanto, que llegue a olvidarla. O quizá muera, intentándolo

(La dama de Shangai, de Orson Welles)

Abrí los ojos. Me incorporé.

- Sabes que te buscaré al salir –le dije, seco.
- Y que intentarás vengarte. Lo supongo. Pero para ello, primero has de salir de aquí, y, francamente, lo tienes un tanto difícil. Adiós, fracasado.

Esbozó una sonrisa y, levantándose, Jotapé dio por terminada la conversación. Se giró y comenzó a alejarse, dirigiéndose hacia la salida. En un momento así quedaría muy bien una canción. Cantada por una mujer, que implique desolación. Como la de Peggy Lee en “Johny Guitar”. Solo que, en aquella estupenda película, la chica y el chico (el bueno), después de besarse, acaban juntos.

FIN

[Para leer otras pequeñas historias en ¡A txiflar!, haz clic aquí: Relatos]

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Paginación