19 de septiembre de 2026

Zinemaldia 2026 - "The invite" (Olivia Wilde)

[PERLAK]

El primer dato que le viene a uno al escuchar hablar de The invite es que es un remake de una película española de 2020 dirigida por Cesc Gay, Sentimental, la cual era una adaptación de su propia obra teatral Los vecinos de arriba (2015). Lo que no se sabe tanto es que no es su primer remake, ni el segundo, ni el tercero… Si se busca por internet, se verá que hay unas cuantas adaptaciones (si no me equivoco, hasta nueve) de otros tantos países: Italia, Francia, Suiza, Alemania, Corea del Sur… Y ahora le toca el turno a Estados Unidos, estando la película dirigida por la habitualmente actriz Olivia Wilde.

Olivia Wilde dio la sorpresa con su faceta de directora en 2019 con una de las comedias más celebradas aquel año, Súper empollonas, volviendo a ponerse tras las cámaras tres años después con una película que prometía más de lo que al final dio: No te preocupes, querida. Ahora, ya en 2026, presenta su tercer largometraje en estas lides, con la buena noticia de que es algo bastante diferente a lo que ha hecho anteriormente.


La película empieza con una cita de Oscar Wilde (en realidad puede ser de cualquiera, pero si dices alguna frase que suene rotunda o ingeniosa, siempre podrás adjudicársela al gran literato británico y quedarás como Dios), que dice así:

Uno debería estar siempre enamorado…
Y por eso nunca debería casarse.

Y de eso va la película.

Amor.
Pareja.
Matrimonio.
Soledad...

Y alguna cosa más relacionada con la vida conyugal. Tras esa cita en pantalla, escuchamos en off las voces de felicidad de una pareja, que pronto cambian al silencio total, con un plano que lo acentúa situándose en la cara de uno de los protagonistas, Seth Rogen (un actor fundamentalmente de comedia que nunca defrauda), descubriendo así que son sus propios recuerdos, de un tiempo pasado que parece que fue mejor. Teniendo este plano inicial dramático, el buen hacer de Rogen hace que pronto asistamos a un tono más de comedia, dando paso así a los títulos de crédito, tras los cuales conoceremos a su pareja, interpretada por la propia Olivia Wilde. Recordando el plano anterior de Rogen, y escuchando las primeras conversaciones que tiene la pareja, ya detectamos el tono de la peli: Será un drama aderezado con algunos momentos de comedia.

Y esa comedia se acentuará con la llegada de la otra gran pareja protagonista, la que forman Penélope Cruz y Edward Norton. Son los vecinos del piso de arriba, a los que Wilde y Rogen escuchan a menudo follar como locos, y que resulta que han invitado a cenar esa noche. Poco a poco iremos conociendo más datos de cada uno de los personajes, de sus vidas, de sus anhelos y, sobre todo, de sus deseos.


Olivia Wilde se desenvuelve bastante bien en cuanto a la puesta en escena, dejando claro que es una adaptación de una obra de teatro, al estar ambientado todo en el piso de la primera pareja. Hay juegos de espejos continuos en los planos, que quizá son un poco naif, en el sentido de que de esa manera se hace ver al espectador que ninguno de los personajes es como se muestra realmente, es decir, que todos (los cuatro), tienen algo así como una doble cara, incluso una doble intención. Es este un recurso fácil que usa demasiado frecuentemente, y el hecho de que se recalque tanto acaba molestando un poco. Aun así, el ritmo en la peli no es nada malo y se mantiene fresco, notándose continuamente la tensión entre ambas parejas, ya sea sexual o no.

Con un tono de cine independiente americano de los años noventa (el grano de la película ayuda bastante a aportar ese tono), los cuatro actores se lo pasan muy bien interpretando a estos personajes, teniendo cada uno de ellos su gran momento, ya sea cómico, o dramático. Todos tienen de su momento de gloria. Es precisamente el tono dramático que adquiere hacia el final el que echa un poco por la borda lo bien que se lo estaban haciendo pasar al espectador, pero recordemos que la película en realidad quiere centrarse en esa cita inicial de Oscar Wilde… Pero aun así, el giro al drama acaba pesando más de la cuenta.


A pesar de ese trozo final y de haber alargado el material original (la duración pasa de los 82 minutos que duraba Sentimental a los 108 que dura esta), es una película que se ve a gusto y con la que Olivia Wilde parece demostrar que es una directora inquieta que podrá seguir haciendo cosas bastante diferentes entre sí. Además, plantea una serie de reflexiones sobre la vida en pareja, la felicidad y los deseos que a buen seguro, al salir del cine al acabar de ver la película, más de uno y más de una se planteará algunas cosas acerca de su vida en pareja, de sus sueños incumplidos y de su propia felicidad. Si esto es así, como pasaba con la obra de Cesc Gay, Olivia Wilde podrá ordenar bajar el telón sintiéndose satisfecha con su trabajo.

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