Olivia Wilde dio la sorpresa con su faceta de directora en 2019 con una de las comedias más celebradas aquel año, Súper empollonas, volviendo a ponerse tras las cámaras tres años después con una película que prometía más de lo que al final dio: No te preocupes, querida. Ahora, ya en 2026, presenta su tercer largometraje en estas lides, con la buena noticia de que es algo bastante diferente a lo que ha hecho anteriormente.
Uno debería estar siempre enamorado…Y por eso nunca debería casarse.
Y de eso va la película.
Y alguna cosa más relacionada con la vida conyugal. Tras esa cita en pantalla, escuchamos en off las voces de felicidad de una pareja, que pronto cambian al silencio total, con un plano que lo acentúa situándose en la cara de uno de los protagonistas, Seth Rogen (un actor fundamentalmente de comedia que nunca defrauda), descubriendo así que son sus propios recuerdos, de un tiempo pasado que parece que fue mejor. Teniendo este plano inicial dramático, el buen hacer de Rogen hace que pronto asistamos a un tono más de comedia, dando paso así a los títulos de crédito, tras los cuales conoceremos a su pareja, interpretada por la propia Olivia Wilde. Recordando el plano anterior de Rogen, y escuchando las primeras conversaciones que tiene la pareja, ya detectamos el tono de la peli: Será un drama aderezado con algunos momentos de comedia.
Y esa comedia se acentuará con la llegada de la otra gran pareja protagonista, la que forman Penélope Cruz y Edward Norton. Son los vecinos del piso de arriba, a los que Wilde y Rogen escuchan a menudo follar como locos, y que resulta que han invitado a cenar esa noche. Poco a poco iremos conociendo más datos de cada uno de los personajes, de sus vidas, de sus anhelos y, sobre todo, de sus deseos.
Con un tono de cine independiente americano de los años noventa (el grano de la película ayuda bastante a aportar ese tono), los cuatro actores se lo pasan muy bien interpretando a estos personajes, teniendo cada uno de ellos su gran momento, ya sea cómico, o dramático. Todos tienen de su momento de gloria. Es precisamente el tono dramático que adquiere hacia el final el que echa un poco por la borda lo bien que se lo estaban haciendo pasar al espectador, pero recordemos que la película en realidad quiere centrarse en esa cita inicial de Oscar Wilde… Pero aun así, el giro al drama acaba pesando más de la cuenta.
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