[ZINEMIRA - INAUGURACIÓN]
La tercera película de Igor Legarreta viene muy bien apadrinada en cuanto a haber sabido buscarse las castañas para su producción. En el film están implicados Buena Vista Internacional (es decir, Disney), HBO Max, EITB, AtresMedia, y bastantes más entidades y productoras que han aportado su granito de arena para que esta película haya salido adelante. Haber conseguido eso significa que alguien ha hecho muy bien su trabajo a la hora de pedir dinero cuando la película era sólo un proyecto.
El caso es que la inversión da sus frutos en pantalla: La producción de Inurri itsuak luce espectacular en no pocas ocasiones, especialmente en planos generales nocturnos, pero también en ambientación, sonido, música e iluminación. Por tanto, ver esta peli en la pantalla grande de un cine y a oscuras, es todo un disfrute. Un buen salto hacia adelante por parte de Legarreta.
La película está basada en la novela de Ramiro Pinilla Las ciegas hormigas, ambientándose a principios de los años 30 del siglo XX y contando la historia de la familia de Sabas Jauregui, la cual aprovecha un naufragio de un barco que transporta carbón para recoger de forma clandestina todo el “oro negro” que puedan, y así poder tener con qué vivir para pasar el invierno, aunque eso les traiga muchas consecuencias, ya sean con sus propios vecinos o con las autoridades.

Hay momentos en la película que, salvando muchísimo las distancias, pueden recordar a westerns como El poder del perro (Jane Campion), Noticias del gran mundo (Paul Greengrass) o incluso a, y esto son palabras más que mayores, Sin perdón (Clint Eastwod). Lo de la primera de las películas es respecto a algunos planos en interiores, muy bien compuestos: lo de la segunda es por ciertos momentos relacionados con la carreta donde transportan el carbón; y lo de la obra maestra de Eastwood es por una iluminación nocturna muy característica, por la lluvia y por planos que cortan el horizonte realmente bellos. Todo ello es labor de Imanol Nabea, quien hace un gran trabajo a cargo de la dirección de fotografía.
La mención a varios westerns no la hago porque sí. Es porque Inurri itsuak tiene ese aire de película del Oeste continuamente (también contribuye a ello la estupenda banda sonora de Pascal Gaigne). Si bien se acaba centrando bastante más en el drama de la familia y sus problemas, es cuando aparecen las rencillas con los vecinos o con el carabinero jefe (interpretado por Carlos Santos, quien es uno de los mejores actores que hay actualmente) donde se acerca a ese género, levantándose así el ritmo y haciendo que crezca el interés hacia los personajes. Lamentablemente esos trozos duran poco y, aunque sin duda son importantes para el devenir de la historia, todo vuelve al drama familiar y eso hace que el interés decaiga un poco. Pero no demasiado, que conste.

A Urko Olazabal le descubrimos muchos en la película Maixabel (Icíar Bollaín), llegando con aquel papel a ganar el Goya al mejor actor revelación, demostrando lo gran actor que es, siendo algo que sigue haciendo, donde Inurri itsuak es un ejemplo más de ello. Acompañado por otra actriz ya imprescindible en el cine vasco últimamente como es Itziar Ituño (quien hace de su mujer), el actor bilbaíno compone un personaje antipático, alguien con quien nadie quiere estar, parco en palabras, de esos que queriendo sólo lo mejor para su familia, sus acciones son más que discutibles por todos los de su alrededor. Su forma de andar, sus miradas, la forma de pronunciar sus frases, son tremendamente características de una persona ruda. Muy de, precisamente, un personaje de western. Además, como si de un antihéroe se tratara, la historia, y con ello el espectador, acabará poniéndose de su parte. En eso también influye la aparición del carabinero (el mencionado Carlos Santos), a quien se le echa en falta algún momento más de crueldad a los que nos tienen este tipo de personajes. Aun con esto, también este gran actor tiene momentos que estremecen, aunque sea sólo levantándose de una silla.
La búsqueda de empatía del espectador en la película hacia el personaje de Sabas es continua, acentuándose tras el clímax, donde queda claro que las personas buenas y humildes no son más que ciegas hormigas caminando hacia un final, casi sin rumbo, pero que nada ni nadie conseguirá aplastarlas, por mucho poder que se tenga. Vendrán mal dadas, siempre, pero como dice el dicho popular: “Caer siete veces, levantarse ocho”. Mirar hacia adelante, seguir caminando. Si no se puede ir por un camino para llegar al objetivo, se da un rodeo. Lo importante es llegar. Lo importante es seguir viviendo. Y además, con toda la dignidad del mundo, con la cabeza bien alta. Allí está el horizonte.



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