3 de febrero de 2026

Eloy de la Iglesia, Adicto al cine (Gaizka Urresti)


Hace unas semanas asistí a una proyección en cine de la película El pico, de Eloy de la Iglesia. La sesión estaba organizada como inicio de un ciclo organizado por jóvenes estudiantes de la EHU (no vinculados al cine ni estudiando nada relacionado con ello, sino simplemente como opción extrauniversitaria con la que pueden obtener algunos créditos más para ir completando su carrera) en el que se quiere reflejar la temática de los márgenes, de la marginalidad. Es El pico, por tanto, una elección ideal para abrir un ciclo así, dado que muchas de las películas de Eloy de la Iglesia (¿o todas?) contenían personajes que vivían y se movían en esos ámbitos y, prácticamente siempre, al límite. En la sala, que lamentablemente no estaba llena, había por un lado bastantes jóvenes (los universitarios) y, por otro, gente bastante más mayor que ellos. Algo así como mitad y mitad por ambas partes en lo que a aforo se refiere. Esto me hizo preguntarme qué pensarían estos jóvenes de una película de esas características (también me lo preguntaba sobre los mayores, pero era más probable que éstos ya conocieran las películas del director zarauztarra y sabían a lo que iban), que refleja una sociedad (la vasca, la española, cualquiera) y que contiene no pocos momentos turbios, duros, y sobre todo, incómodos.

Toda esta larga introducción viene a cuento de haber visto la película documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine, dirigida por Gaizka Urresti. Esta película, que se estrenó mundialmente en la pasada edición número 73 del Zinemaldia de San Sebastián, ha tardado más de quince años en hacerse. Originalmente era un proyecto pensado para ser dirigido por Diego Galán, quien fuera director del Festival de Cine durante trece años y un día, pero las dificultades para sacarlo adelante al no encontrar financiación de ningún tipo, lo hicieron muy complicado. Nadie quería colaborar, nadie quería arrimar el hombro. Eloy de la Iglesia era alguien que a muchos no les apetecía recordar. Recordemos: Fue una persona incómoda.